Como a todos y todas en mayor o menor medida, la perspectiva de comenzar un nuevo curso es algo que se vive con ilusión. A los más pequeños les mueve la ilusión de reencontrarse con sus compañeros, sus maestros y maestras, las instalaciones y por qué no, también los materiales, mochilas, libretas, libros,etc.
Con el tiempo mucho de lo anterior se ha difuminado en diferente medida pero la ilusión perdura incluso en cursos que como éste nada tienen que ver, tal vez por ser de formación a distancia, donde el contacto con el resto de compañeros se limita a la interacción en foros y las instalaciones físicas dejan paso a los portales de formación e-learning como Moodle, etc.
Eso sí, formarse en un curso de dirección es especial con independencia del formato. Es de alguna forma dar el pistoletazo de salida para abrir nuevas metas a un docente. También supone dar un paso adelante en un momento delicado para la educación en nuestro país, por muchos motivos, políticos, económicos y principalmente sociales, porque si hay algo que ha cambiado en los últimos tiempos es la sociedad y la manera en la que percibe la educación que reciben nuestros hijos, el futuro de nuestra sociedad.
En ese contexto, alguno de mis compañeros dicen que formarse para la dirección de un centro es cuanto menos una temeridad, otros lo llaman un marrón, en cualquier caso, es asumir unas responsabilidades y funciones que a juicio de muchos no están pagadas y lo que es peor no están valoradas por parte de la comunidad educativa (alumnado, familias, profesorado y administración).
De alguna manera, desde hace un par de años y después de haber formado parte en otro centro de un equipo y proyecto de dirección, siento la necesidad de avanzar en mi formación, porque si algo me ha enseñado la vida y parafraseando a mi madre, "el saber no ocupa lugar".
No quiero cerrar esta primera entrada sin dar ánimos a todos aquellos docentes que como yo dan pasos en la misma dirección y que con su gran trabajo diario construyen una educación mejor. También a los interinos, en ocasiones olvidados, cuyo trabajo, dedicación y compromiso, si cabe, supera con creces los límites de sus funciones con una maleta llena de ilusiones y muchos kilómetros en sus espaldas. Por último a los futuros estudiantes de las facultades de Ciencias de la Educación y del Máster en Educación Secundaria, por dar rienda suelta a su vocación.
Gracias.
Sergio Sánchez
